Marco

 

De los Apeninos a los Andes

En Génova, al norte de Italia, reside una familia con dos hijos de dieciocho y once años. La madre se ve obligada a marchar a Argentina para encontrar trabajo sirviendo en una casa. Durante un tiempo la familia recibe, por escrito, noticias de la madre, pero al cabo de un año, las cartas cesan, tras una en que se daba cuenta de problemas de salud, con lo que se crea una situación de preocupación e incertidumbre.

Tras tratar de conseguir noticias a través del Consulado italiano en Buenos Aires, a los dos años de la partida de la madre, el más pequeño de los dos hijos, Marco, decide afrontar, salvando las iniciales reticencias de su padre, el largo viaje de veintisiete días que entonces debían sufrir los emigrantes a bordo de grandes buques mercantes.

A su llegada a la capital argentina no consigue encontrar a su madre, pues la familia para la que trabaja ha trasladado su residencia a Córdoba. Tras pasar una noche en La Boca, se embarca para remontar el Río Paraná, con destino a Rosario, desde donde le han dicho que le será más fácil llegar a Córdoba. Allí no encuentra al contacto que le habían facilitado y se encuentra en una situación difícil, ante la falta de dinero para pagar el ferrocarril que le llevaría, durante un día de viaje, hasta Córdoba. Sin embargo la ayuda de un grupo de emigrantes italianos le proporciona el dinero necesario y toma el mencionado ferrocarril.

Con la llegada a Córdoba no acaban los problemas del joven Marco, pues al llegar a la casa del ingeniero Mequínez, para quien trabaja su madre, comprueba que, una vez más, se ha mudado, marchando a Tucumán. Consigue convencer a un comerciante que se dirige a Santiago para que lo lleve en el tramo común del camino, viajando así durante más de dos semanas en un carro tirado por bueyes que lo dejará junto a la Cordillera de los Andes desde donde marchará a pie hasta Tucumán.

Al llegar a esta ciudad, y tras dirigirse a una finca situada a una jornada más de marcha, encuentra al fin a su madre, enferma y prácticamente deshauciada por los médicos. Debe operarse y, tan lejana de su familia, ha perdido toda esperanza. Se niega a ser operada. Sin embargo, la llegada de su joven y voluntarioso hijo le devuelve la ilusión por vivir y conseguirá ayudarla a sanar.

El relato termina con las palabras del médico, quien dirigiéndose a Marco le dice: “¡Eres tú, heroico niño, quien ha salvado a tu madre!”.

LOS PERSONAJES

Anna Rossi, la mamá de Marco, se marcha a Argentina para trabajar.

Pietro Rossi, el papá de Marco, es médico y tiene una clínica para gente pobre.

Antonio Rossi, el hermano mayor de Marco, que siempre intenta ver el lado bueno de las cosas.

 Fiorina, amiga de Marco, maneja muy bien las marionetas. Era muy triste hasta que conoció a Marco.

Conchetta, hermana mayor de Fiorina, hija de Pepino. 

 Giullietta, hermana pequeña de Fiorina y de Conchetta

 

 

 

Peppino, titiritero, padre de Fiorina, Conchetta y Giullieta, que quiere juntar dinero para emigrar a Argentina.

  

Amedio, el monito compañero de viaje de Marco. Se lo regala Toño y proviene de Brasil.  

 

Bernardo y Emilio, hermanos, amigos de Marco. Emilio no va a la escuela porque su madre está enferma y tiene que trabajar. 

  Sr. Giulliotti, da trabajo a Marco en su empresa de lavar botellas, aunque luego le despide porque no puede pagarle.

 

Rocki, limpia y hace otros trabajos en el barco donde viaja Marco a Argentina.

 

CANCIONES

En un pueblo italiano
al pie de las montañas
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.

Se levanta muy temprano
para ayudar a su buena Mamá.

Pero un día la tristeza
llega hasta su corazón

Mama tiene que partir
cruzando el mar a otro país.

No te vayas Mamá
no te alejes de mi
adiós Mama
pensaré mucho en ti
no te olvides Mamá
que aquí tienes tu hogar.

Si no vuelves pronto iré
a buscarte donde este
no me importa donde vayas

Te encontraré!!!!!

*********

Mi mono Amedio y yo
viajamos con la esperanza
de ver a mí mamá.

Corremos aquí, saltamos allá
y alegres seguimos en paz
Somos dos que sin temor
suben y bajan montañas.

Somos dos que alegres van
en busca de mi mamá

Mi mono Amedio y yo
pasamos mil aventuras
que vais a conocer.

Corremos aquí, saltamos allá
y alegres seguimos en paz
Somos dos que sin temor
suben y bajan montañas.

Somos dos que alegres van
en busca de mi mamá.

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